martes, 5 de abril de 2011

Con quince años

Vacaciones de semana santa, la adolescencia en pleno a apogeo con las hormonas completamente revolucionadas. Yo intercambiando miraditas con un chico, haciendo botellón estabamos para variar! Creía que el chaval era el amor de mi vida -que ilusa adolescente- cada uno se va por un lado distinto de la calle, pero los dos a la vez, para que no se note nuestra ausencia y a la vuelta de la esquina me da la mano y un beso y en mi mente suenan campanas de boda, si, alguna vez fui romántica. Los besos de los quince años son los que mejor saben. Volvemos junto a nuestros amigos, sin que falten los labios hinchados y sonrojados de tanto besuqueo, cada uno por una parte y a la vez para que continúen sin darse cuenta, todos preguntan por nuestra ausencia, ríen y comentan el secreto a voces de nuestra relación y nos sonrojamos mirando al sueño, pa que nadie piense que es verdad.¡Inocente adolescencia! Comienzan los sms, hay que borrar las teclas de mi primer móvil. Me dice que le parezco bonita, tantea el terreno, le digo que me gusta, pasamos a los encantamientos, confesiones de cariño, los dos nos queremos y nos terminamos prometiendo amor eterno. Llega el maravilloso verano, piscina, sol y río ¿qué mejor combinación? me tengo que ir durante un mes, viaje de idiomas, le digo que me voy, que nuestra relación no podrá con ello ¿será el fin de nuestro amor? y casi entre lágrimas me suplica que me quiere y que un mes no es ningún impedimento el puede con ello. Un mes más tarde a mi regreso y tras decenas de mensajes desde otro país me termino enterando de la verdad. Si... hasta con quince años me rompían el corazón y es que un mes era demasiado tiempo para tanto amor y el no ha soportado que estemos lejos, ha tenido que buscar el amor eterno en los brazos de otra...

Y ahora veo que su relación perfecta con esa otra tras cuatro años se ha ido a pique, ya no le guardo ningún resentimiento aunque dicen eso de que el primer amor nunca se olvida y en el fondo no puedo dejar de sentir una pequeña punzada de alegría, se que no está bien, pero quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

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